“Fue una semana de calidad artística y de rompimiento de la rutina”. Así lo manifestó el director de Teatro Azul, Leonardo Echeverri Botina, al referirse al balance del Festival Internacional de Artes en su versión número 24, el cual se desarrolló exitosamente en las instalaciones de la destacada compañía teatral de Armenia, entre el 15 y el 20 de septiembre de 2025.
La combinación de diferentes modalidades de arte, desde la poesía – a través de un recital en movimiento – pasando por los títeres, la danza contemporánea y la interpretación de música andina, dejó en los habitantes de Armenia un nivel alto de satisfacción. “Lo más importante del arte es que sea verdadero”, acotó Leonardo Echeverri, aludiendo a la observación de los rostros y gestos de los espectadores, durante y después de cada función.
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Pero hay algo más para destacar. En las sillas del Teatro estuvieron sentados un grupo numeroso de estudiantes de instituciones públicas de Armenia, disfrutando de las seis presentaciones de forma completamente subsidiada. Un mes antes, algunos de ellos, allí mismo, habían estado con sus compañeros de colegio observando las funciones que les ofreció el Teatro Azul en el marco de un proyecto denominado “Temporada de Teatro para la Vida”, un proceso interesante de acercamiento de los estudiantes a las artes. Un momento de sus vidas inolvidable para ellos y ellas. Porque también es cierto que la mayoría asistían por primera vez a la presentación en tablas de una obra teatral. Y que unos cuantos conocían, por primera vez, el centro de Armenia. Vinieron a compartir la cotidianidad de sus calles. Porque se ha ignorado que Armenia es una urbe extraña para ellos, quienes viven en sus barrios de los extremos más lejanos.

Precioso regalo que se les ofreció a 70 estudiantes y algunos maestros, para que participaran de la magia que ofrece el Teatro Azul con sus eventos. Era, además, un reconocimiento para los que, dos semanas atrás, habían presentado sus ponencias reflexivas ante sus compañeros, en sendos ensayos escritos, a partir de la obra de teatro “Entre líneas”, que aborda el fenómeno de la migración transnacional.

El primer día del Festival inició con una jornada pedagógica, a través de un conversatorio. Se tituló dicha actividad con el nombre de “La vida danzada de Carmen Werner”. Se propició un encuentro entre dos mujeres del periodismo y el arte. Ellas, la cuyabra Judith Sarmiento y coreógrafa española Carmen Werner, entablaron un diálogo educador. Mientras Judith nos mostraba las facetas sensibles de su trayectoria como abogada y periodista, de la maestra Werner (Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, 2020), conocíamos esas primeras incursiones de su desempeño profesional en España. Que no fue, en un principio, por el sendero de la danza, como lo hace ahora, sino desde su formación como Licenciada en Educación Física. Mutó a la danza contemporánea y ello quedó demostrado cuando, en el segundo día del Festival, pudimos verla en escena, con “La noche y la luna”, en compañía de Leyson Ponce, un bailarín venezolano. Buena impresión para los estudiantes y muchos habitantes de Armenia, al apreciar “arte verdadero”, como también lo asevera Leonardo Echeverri. Pues la danza contemporánea es un sugestivo “encuentro de cuerpos” y es arte al máximo de su esplendor.

La Libélula Dorada y Los Salvatierra fueron las dos cuotas artísticas del fabuloso mundo de las marionetas y los títeres. Emocional experiencia la que nos regaló el Festival con estos dos grupos destacados. El primero (que posee un nombre de poesía y naturaleza) es conocido en Colombia desde hace 49 años. El segundo es argentino y nos trajo una obra que inspira creación mítica, historia y leyenda.
La función “Ácidas Ficciones”, de La Libélula Dorada, presentada el miércoles 17 de septiembre, nos introdujo en el mundo de las ironías y lo subliminal, a través de cuatro pequeñas historias. Creadas para adultos, también encantan por los muñecos que la compañía construyó con ingenio para el disfrute de los colombianos. Mientras que “Pedro y la Odisea del Paraná”, de Los Salvatierra, deleitó, el último día del Festival, a chicos y grandes con su presentación, la que más curiosidad despertó en los niños aquella tarde de sábado.
Música, poesía, recital en movimiento de las tres actrices de Teatro Azul, la interpretación del chelo, el contrabajo y la guitarra el jueves 18 y música andina colombiana y latinoamericana el viernes 19 de septiembre. Estas dos noches fabulosas quedaron en la cámara de recuerdos de los asistentes.

En la quinta noche, la música andina y latinoamericana deleitó al público de Armenia. Todo se logró en medio de la alegría festiva que exultaba una pareja de jóvenes huilenses, Fenith Emilse Mora y Wilberth Augusto Alarcón, del dueto Albur, quienes alegraron la jornada del festival azulado con la música de la ancestralidad. Se repetía el fulgor que había despertado la presentación de la noche anterior, con la declamación en movimiento de las actrices Ximena Escobar, María Cristina Restrepo y Claudia Milena Restrepo, quienes entonaron los versos del escritor y poeta colombiano Luis Antonio Montenegro. Y no fue sólo habernos extasiado con la poesía en movimiento.
También, Judith Sarmiento nos ofreció el recital de aquellos versos, en compañía de acordes musicales magistrales. Se escucharon en la interpretación de un maestro ya de fama internacional – el chelista Deiner Sergio Hurtado – y el guitarrista y contrabajista Ricardo Arciniegas. La presentación lírico musical “Todo es del olvido” (basada en el poemario del mismo título, de Luis Antonio Montenegro) fue el aporte de la compañía Teatro Azul para el Festival Internacional de Artes en su versión número 24.
Es otro recuerdo del lenguaje poético y artístico que el “teatro necesario” de Teatro Azul nos ofreció con este Festival, el que ya va en camino a celebrar los cinco lustros de presentaciones en Armenia. Y que ha motivado se haga, por parte de los miembros del colectivo, y de nosotros, los espectadores, este balance “azulado”. El más cercano al arte para mostrar y disfrutar.

hace 8 meses
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