Análisis
El manejo de las comunicaciones hizo posible su triunfo en segunda vuelta. Ahora es crucial en la transición y lo será cuando arranque su Gobierno.
Abelardo de la Espriella durante la ceremonia que oficializa su elección como presidente. Foto: Mauricio Moreno - CEET

ANALISTA DE EL TIEMPO, CONSULTOR04.07.2026 22:30 Actualizado: 04.07.2026 22:30
Durante décadas, al menos desde la época del Frente Nacional, el libreto para quien resultaba elegido presidente de los colombianos era el mismo: visitar el mandatario al que habría de remplazar en la Casa de Nariño, tomarse unos días de descanso y, si acaso, filtrar poco antes de la posesión algunos nombres de quienes integrarían el gabinete del nuevo Gobierno. Pero ninguna de esas tradiciones se mantuvo en 2026.
Y es que las dos semanas transcurridas desde el triunfo de Abelardo de la Espriella en los comicios del 21 de junio confirman que ciertas constantes desaparecieron en el país, tal vez para siempre. Lejos de una tregua noticiosa, lo que ha registrado la opinión es un flujo de contenidos abundante provenientes del bando ganador, que comprende discursos cortos o comunicados relativos a la designación de varios ministros y el comienzo de un proceso de empalme que bien amerita calificarse de áspero.
Cualquier observador desprevenido podría creer que el clima de animadversión responde simplemente a la rotación de dos personas, con sus respectivos equipos, ubicadas en distintos extremos del espectro ideológico y entre las cuales hay antipatía mutua. Si bien algo de eso es cierto, detrás hay algo mucho más fundamental como es la lucha por el control de aquello que los expertos conocen como “la narrativa”.
Contar otro cuento
Según la definición más aceptada, el término hace referencia a la construcción de historias que moldean la forma en que los ciudadanos interpretan la realidad. Fuera de que pintar un nuevo escenario usualmente ha sido una constante en los regímenes democráticos cada vez que ocurre un cambio de mando, ahora el usar las herramientas informativas de última generación se considera prioritario no solo para llegar al poder sino para gobernar.
El presidente electo, Abelardo de la Espriella, se refirió a la inminente crisis energética. Foto:Redes sociales.
En lo que corresponde al caso colombiano, puede ser que a de la Espriella todavía le quede más de un mes antes de ponerse la banda tricolor, pero es evidente que considera urgente sustituir el guion vigente y preparar el terreno en el cual comenzará a moverse. La razón no solo es el convencimiento de que hay que hacer la tarea de manera distinta, sino la urgencia de variar la percepción sobre el estado actual de las cosas –que es menos negativa que en ocasiones previas– y conseguir de paso cierto margen de espera para la entrega de resultados en medio de la estrechez.
Alcanzar dicho objetivo pasa por hacer uso la tecnología y la conexión permanente de los individuos a los aparatos electrónicos. Si antes la gente leía los periódicos, escuchaba la radio o veía la televisión para desarrollar su criterio de manera gradual, ahora ese proceso es inmediato y sin intermediarios.
“Quien puso en marcha el método moderno de hacer política fue el italiano Silvio Berlusconi que manejaba un imperio de medios antes de llegar a ser primer ministro”, recuerda César Caballero, fundador de la firma Cifras y Conceptos. “Pero con la llegada de las redes sociales la posibilidad de alimentar permanentemente a las audiencias para inducirlas a votar o reaccionar de determinada manera, con contenidos adaptados a sus gustos y temores, se disparó”, explica.
Christopher Hays, un periodista estadounidense autor del libro El llamado de las sirenas, argumenta que la humanidad no vive ahora en la era de la información, sino de la competencia por la atención. Tal como pasa con las máquinas tragamonedas que logran sentar a un usuario durante horas ante la expectativa de un premio, los algoritmos buscan mantener conectado a un usuario a una red determinada apelando a emociones básicas como el miedo y la rabia.
A su manera, muchos políticos de ahora hacen lo mismo, lo cual les obliga a generar contenidos con regularidad y actuar como lo haría un influenciador, llegando a sus seguidores de forma directa para despertar sentimientos como el que da pertenecer a una comunidad que piensa de manera parecida. Gracias a esas habilidades el hoy Presidente electo se convirtió en un candidato viable, no solo por usar un remoquete de fácil recordación como ‘el tigre’, sino al asociarse a valores que incluyen el patriotismo y la defensa de determinados principios fundamentales.
Símbolos que no necesitan explicación como la bandera o la camiseta de la selección de fútbol sirvieron para potenciar el mensaje y acallaron los ataques de diversos contradictores. De paso, alimentaron el factor identitario, animando a muchos a sumarse a la que al final sería una mayoría.
Superada esa primera etapa, vino la siguiente tras el arranque del periodo de la transición. Videos de pocos segundos que incluyen una frase efectista o anticipan el nombramiento de un alto funcionario, sirven no solo para transmitir una novedad sino para desarrollar un mensaje integral y modular afirmaciones polémicas del pasado. Comunicaciones más extensas plantean otra visión ideológica y transmiten las bases de una doctrina distinta que será la norma hasta 2030.
Además, el objetivo es demoler la estructura anterior, lo cual no será sencillo. Gracias a sus habilidades como comunicador y al hecho de contar con un parlante que hacía ver pequeños a sus contradictores, Gustavo Petro quiso reescribir la historia de Colombia, desconociendo los logros del pasado y utilizando las frustraciones de tantos para justificar una ruta diferente.
Si bien múltiples iniciativas acabaron incumpliéndose, la capacidad de convencimiento fue grande. Hoy por hoy, el Pacto Histórico es la primera fuerza política en el Congreso y su candidato presidencial estuvo cerca de alcanzar el triunfo, algo atribuible en buena parte al imaginario edificado desde la Casa de la Nariño.
Escándalos que en otro momento habrían arrinconado al Ejecutivo escasamente le hicieron mella, mientras la excusa del “es que no lo dejaron” les sirvió a muchos para no dejar de creer en el proyecto progresista. Como en el fútbol, la Presidencia aplicó de manera constante el principio de que la mejor defensa es el ataque.
“Petro es un gran comunicador que de forma constante generó titulares, así fuera mediante propuestas absurdas o peleas innecesarias, y usó la polarización, junto a los enemigos reales o imaginarios, para gobernar a su manera”, dice el analista Miguel Silva. “Eso lo combinó con un uso desmedido de la chequera oficial y decisiones de corte populista como el fuerte incremento en el salario mínimo de comienzos de este año”, agrega.
El desafío
¿Quiere decir eso que la muralla petrista es inexpugnable? Los partidarios de De La Espriella no lo consideran así, entre otras porque el mandatario electo también utilizó sus habilidades comunicativas, primero para construir una base sólida de adeptos que buscaban a alguien distinto al político tradicional, fuera de izquierda o derecha, y, segundo, para sumar los votantes que le dieron el triunfo en la segunda vuelta.
Buena parte de ese éxito se le atribuye al estratega Carlos Suárez, quien mantuvo la disciplina a la hora de transmitir mensajes y hacer uso de las diferentes plataformas, adaptadas para diferentes tipos de usuarios y grupos de edad. Conseguir que alguien que recibió el aval de un partido con una representación parlamentaria pequeña acabara obteniendo la victoria, es algo que descansa en las fortalezas del candidato y la capacidad para proyectarlo efectivamente tras comenzar siendo un relativo desconocido.
Finalizada la campaña el enfoque en estas semanas es no ceder el espacio conquistado. Por el contrario, la intención consiste en ocupar más terreno, aprovechando en parte las peleas internas que siguieron a la derrota de Iván Cepeda, la desbandada de funcionarios o los desvaríos de Petro, cuyos mensajes ya no tienen el impacto de antes.
Leonardo Garçia, de la firma de consultoría Speak, destaca que un seguimiento a las métricas más recientes de los canales virtuales muestra que el actual Presidente ha perdido espacio. “Después de cuatro años como centro de gravedad de la conversación pública, Petro quedó relegado a un tamaño secundario en la nube y sin nodo propio en la rueda de temas, en la que aparece solo como satélite de otros”, subraya.
Explica que el lugar central lo ocupan hoy las palabras ‘Colombia’, ‘Abelardo’ y ‘Cepeda’, y que “la nueva derecha emocional ganó el relato y el símbolo, no solo el resultado”. En contraste, el futuro bloque opositor de izquierda “aparece defensivo, enmarcado por un vocabulario de disputa antes que de propuesta”, dice.
Siguiente paso
Según lo visto, los elementos de la nueva etapa se concentrarán en dos áreas para escribir el relato abelardista. Para comenzar, reconstruir la confianza en ciertos segmentos con el ánimo de que la inversión privada repunte y se multipliquen las oportunidades y la generación de nuevos empleos, mientras el consumo de los hogares se sostiene.
El presidente electo Abelardo de la Espriella. Foto:Archivo particular
Sin embargo, el capítulo más duro se concentra en los temas que las encuestas identifican como los principales problemas que preocupan a los colombianos: corrupción, seguridad y sistema de salud. El énfasis de las comunicaciones estará en el primer punto, lo cual explica la relevancia del proceso de empalme a la hora de demostrar la pérdida de billones de pesos, algo en lo cual está directamente involucrado el vicepresidente electo, José Manuel Restrepo.
Esgrimir un enorme espejo retrovisor que se usará durante meses tiene varias ramificaciones que beneficiarían al Gobierno entrante, en la medida en que pueda documentar delitos y excesos. De un lado, sirve de base para justificar el recorte de gastos. Del otro, puede debilitar a Petro cuya imagen aun no es mala y poner a la defensiva a la bancada del Pacto Histórico en el Capitolio. Igualmente, le amplía el plazo a la nueva administración para presentar realizaciones.
Si se toman como base otras experiencias, el proceso de revelaciones será gradual y periódico. Hacer decenas de acusaciones al tiempo y en forma desordenada equivaldría a gastarse la munición en ráfagas, cuando de lo que se trata es de medir los disparos y amplificarlos para atacar sin descanso a los líderes de izquierda y minar su credibilidad.
Más complejo en lo que hace a modular la información sería el asunto del orden público y la lucha contra los delincuentes y el crimen. Dentro de los múltiples desafíos se encuentra el estado de las Fuerzas Armadas y el requisito de solucionar las dificultades operativas actuales, lo cual requerirá recursos materiales y humanos que no se obtendrán de la noche a la mañana.
Una de las previsiones que hacen los expertos es la de más acciones ofensivas, apoyadas en la cooperación que se reciba de Estados Unidos, con un énfasis en la lucha contra las drogas ilegales. Aunque los bombardeos sirven para transmitir voluntad y poderío militar, los riesgos de una equivocación no son menores y pasan por afectaciones a los civiles o la presencia de uniformados extranjeros, algo que causaría un remezón inmenso en la opinión.
No menos desafiante es cambiar pronto la dinámica del crimen en las ciudades. Combatir la delincuencia incluye desmontar las redes de extorsión, lo cual requiere un énfasis en inteligencia y la debida agilidad de la justicia, a sabiendas de que el programa de construcción de cárceles tomará tiempo.
Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia, en la Casa de Nariño. Foto:Archivo particular
Por su parte, sacar a la salud del agujero en que se encuentra por cuenta de su mal prestigio y la crisis financiera tampoco será sencillo. Puede ser que los diez billones de pesos prometidos se consigan, pero estos apenas serán un parche que no curará la hemorragia si no se hacen una serie de tareas que pasan por limpiar las EPS intervenidas –que concentran más del 40 por ciento de los usuarios– o mejorar la calidad del servicio.
Y en estos puntos, no habrá estrategia de información ni método de difusión que resulte si los hechos no van de la mano de los anuncios o las consignas. Eso para no hablar del reto de manejar con firmeza, pero sin excesos represivos, la protesta social y los bloqueos que seguramente se presentarán para poner a prueba la determinación del Ejecutivo por parte de las primeras líneas y otros colectivos.
Hecha la advertencia, vale la pena señalar un componente que no había utilizado Gobierno alguno, al menos en los últimos tres cuartos de siglo. Este consiste en las numerosas referencias a Dios, lo cual implica una especie de conexión especial con el creador que va más allá de la Iglesia Católica y abarca a cristianos y otras religiones monoteístas.
Si bien para algunos sectores esas menciones representan un anacronismo, los sondeos muestran que la postura tiene arraigo popular y eventualmente serviría para alegar la legitimidad de ciertas decisiones. Estas, a las que se les atribuía casi una inspiración divina, les sirvieron a los reyes en su momento. Algo de estilo similar puede ayudar a convencer al público en la que parece ser una confrontación más espiritual que política o cultural. Aunque parezca contradictorio, ello no necesariamente se traducirá en la intención de revertir la despenalización del aborto o la eutanasia, algo frente a lo cual el electorado urbano es ambivalente.
Dicho lo anterior, manejar la narrativa se basa en mantener una conexión emocional con la gente. Eso implica estar siempre a la ofensiva en materia informativa y simplificar asuntos complejos mediante el uso de instrumentos efectistas, en lo que en la práctica se traduce en una operación avispa que va desde pronunciamientos y comunicados oficiales, hasta testimonios o piezas muy cortas distribuidas a través de las redes sociales.
Sobra decir que ninguna estrategia tendrá éxito si solo consiste en influenciar percepciones, mientras la realidad va por otro lado. En último término, dentro de cuatro años serán los colombianos los encargados de juzgar si la promesa de la patria milagro acabó volviéndose verdad o no, cuando vuelvan a escoger el nombre de quien ocupará en agosto de 2030 la Presidencia de la República.
RICARDO ÁVILA PINTO
Especial para EL TIEMPO
En X: @ravilapinto
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