Cuando el teléfono sonó y recibió la activación de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), Andrés Felipe Barbosa Acosta sabía que estaba a punto de afrontar tal vez uno de los mayores desafíos de su carrera como rescatista. Lo que no imaginaba era que, al llegar a Venezuela, encontraría un panorama capaz de poner a prueba años de entrenamiento, resistencia física y fortaleza emocional.
El tecnólogo en Atención Prehospitalaria del Cuerpo Oficial de Bomberos de Pereira integró el equipo colombiano enviado para apoyar las labores de búsqueda y rescate tras el fuerte sismo que sacudió al vecino país. Durante varios días trabajó entre estructuras colapsadas, coordinando operaciones y atendiendo víctimas en un escenario donde cada minuto representaba una oportunidad para salvar una vida.
«Aunque ya teníamos un panorama de lo que íbamos a encontrar, cuando llegamos y vimos la magnitud de la catástrofe entendimos realmente el impacto que había dejado el terremoto», recordó.
La experiencia colombiana
La misión reunió a especialistas de diferentes regiones del país, quienes debieron adaptarse rápidamente a un entorno marcado por la destrucción y la complejidad logística.
Para Barbosa, una de las principales dificultades fue la ausencia de una estructura organizada que coordinara las operaciones de búsqueda y rescate.
«Nos correspondió instalar las células de coordinación y organizar el proceso de búsqueda porque no existía una estructura USAR consolidada. Ahí quedó demostrado el nivel de preparación que tiene Colombia para atender este tipo de emergencias», explicó.
El bombero destacó que Colombia ha fortalecido durante años su capacidad de respuesta ante desastres y que Pereira hace parte de los 23 equipos USAR acreditados en el país, una certificación internacional que garantiza procedimientos estandarizados para responder a eventos de gran magnitud.
«Todo lo que habíamos practicado durante los ejercicios de certificación internacional lo pudimos aplicar en una emergencia real. Esa fue la mayor satisfacción de la misión», afirmó.
Además de participar en la localización y rescate de víctimas, Barbosa fue el encargado de brindar atención prehospitalaria al personal operativo, garantizando que médicos, bomberos y rescatistas mantuvieran condiciones físicas y emocionales adecuadas para continuar con las labores.
«Ningún país está preparado»
Después de vivir la emergencia, el rescatista asegura que una de las principales conclusiones es que ningún sistema de respuesta está completamente preparado para enfrentar un desastre de semejante magnitud.
«Ningún país está listo para atender una emergencia de estas proporciones. Lo importante es contar con equipos entrenados que permitan salvar el mayor número de vidas posible durante las primeras horas», señaló.
La experiencia, afirma, dejó en evidencia que la coordinación entre organismos de socorro resulta tan importante como la capacidad técnica de los equipos de rescate.
La advertencia
De regreso a Colombia, Barbosa que tendrá unos días de descanso, volvió a Dosquebradas con una convicción aún más fuerte: el Eje Cafetero no puede bajar la guardia frente al riesgo sísmico.
Recordó que Risaralda hace parte de una zona con alta amenaza por movimientos telúricos y que la mejor herramienta para disminuir las consecuencias de un terremoto sigue siendo la prevención.
«Debemos ser conscientes de nuestra vulnerabilidad. No podemos esperar a que ocurra una tragedia para prepararnos. Los simulacros, los planes familiares y los kits de emergencia pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte», aseguró.
Actualmente, Pereira cuenta con cerca de 45 rescatistas especializados y cuatro caninos entrenados para la localización de víctimas, capacidades que posicionan al municipio entre los referentes nacionales en atención de emergencias.
«La preparación comienza en cada hogar. Las familias deben saber cómo actuar, definir un punto de encuentro y tener listo un kit de emergencia», manifestó.
Ese kit, explica, debe incluir documentos personales, agua potable, alimentos no perecederos, linterna, radio portátil con baterías, ropa cómoda y un silbato, un elemento que puede resultar decisivo durante un rescate.
Su mensaje final es una invitación a que la prevención deje de ser una tarea exclusiva de los organismos de socorro y se convierta en un compromiso de cada ciudadano.
«Lo más importante es estar preparados. Las familias deben saber qué hacer, dónde encontrarse y qué llevar consigo. La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva para reducir el impacto de cualquier desastre natural».

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