Cristian Sanabria rinde homenaje al maestro Antonio Valencia con un estudio pictórico

hace 10 meses 322

Busca rescatar la memoria cultural del departamento, acercando el arte a la ciudadanía. Con la moral que lo caracteriza cuestiona la falta de cultura artística en Armenia y defiende la necesidad de abrir espacios incluyentes.

Sereno, paciente, reflexivo y crítico, el artista Cristian Camilo Sanabria, a sus 38 años ha dedicado dos décadas dedicadas a la pintura y se ha consolidado como uno de los artistas plásticos más representativos y disciplinados en el estudio de la técnica en el Quindío. 

Lea también: Wílmar Colorado, el artesano que salvaguarda la tradición de la cestería en Filandia

Nació en Calarcá, se formó en Armenia y desde muy joven supo que su destino estaba en los pinceles. Aunque soñó con ser arquitecto, la vida lo llevó a dedicarse de lleno al arte, oficio que descubrió desde niño con el impulso de su abuela, quien, sin saber leer ni escribir, lo motivó con asombro cada vez que lo veía dibujar. Su vida ha sido toda una aventura libre de aprendizaje y de escucharse a sí mismo, sensibilidad que sin duda lo conecta con el arte.

Su trayectoria lo ha llevado por Bogotá, Antioquia y varias regiones del país, América Latina y ha recorrido esta parte del mundo siempre con la convicción de que la pintura no es solo un medio de vida, sino una manera de entender y enseñar el mundo. Ha retratado paisajes emblemáticos como el Valle de Cocora, escenas urbanas de Armenia y ha explorado técnicas diversas, desde el óleo hasta la acuarela al aire libre.

En la actualidad, Sanabria adelanta en la gobernación del Quindío un ejercicio inédito, se trata del estudio pictórico del mural La Epopeya del Quindío, del maestro Antonio Valencia, una de las obras más monumentales y simbólicas del departamento que retrata la historia del departamento desde el Viejo Caldas con personajes y hechos. Con este proyecto busca rescatar, difundir y enseñar el valor del arte local, invitando a la comunidad a observar en vivo mientras pinta, como un ejercicio que ocurre en las plazas europeas, donde el arte hace parte del diario vivir de las personas.

“El arte no debe quedarse en talleres cerrados, ni ser monopolio de unos pocos; debe salir a las calles, compartirse y convertirse en un vehículo de memoria e identidad cultural”, dice con una convicción inquebrantable.

¿Cómo fue su formación artística?

Ha sido principalmente empírica. Mi abuela me impulsó desde niño y más adelante busqué talleres y la compañía de maestros. Conocí artistas como Dimitri Vasilescu, de quien aprendí muchísimo sobre su obra, el color, composición y el oficio de tener un taller. He ido construyendo mi propio camino a través de la experiencia, el estudio constante y riguroso, así como del intercambio con otros pintores.

¿Cuáles son sus contenidos y técnicas favoritas?

Me gusta mucho el paisaje, sobre todo el regional, como el Valle de Cocora, que ha sido central en mi obra. También disfruto el retrato y la pintura al aire libre, salir con el caballete, la paleta y pinceles a la calle y compartir con la gente. Considero que la técnica es muy importante y el perfeccionarla, respetarla es tan valioso como generar impacto. Me gusta mucho también enseñar pintura.

Está realizando un estudio pictórico de La Epopeya del Quindío. ¿Qué lo motivó y cómo este ejercicio influye en su formación artística?

Ese mural siempre me impactó desde niño. Es una obra monumental del maestro Antonio Valencia y sentí la necesidad de estudiarla y rescatarla, por respeto. Este ejercicio no es para ganar dinero, tampoco pretendo quedarme con el cuadro, no me interesa, lo hago porque creo que debemos valorar y difundir la obra de nuestros artistas. Además, quiero mostrar cómo se estudia una obra y compartirla con alumnos y con el público.

¿De qué manera su técnica y el manejo de la paleta de colores dialogan o contrastan con la obra original?

Conservo el dibujo original, porque es la huella del maestro. Estoy trabajando sobre una obra más pequeña, donde intervengo principalmente el color, resaltando los tonos y dándole fuerza a la parte superior, donde aparecen los indígenas y el paisaje de las palmas de cera. Es un homenaje que busca preservar la memoria cultural.

¿Qué significa para usted compartir el proceso en vivo para la ciudadanía?

Es fundamental. En Armenia no tenemos la costumbre de visitar museos ni de acercarnos al arte. Pintar en vivo, como se hace en muchas ciudades de Latinoamérica y Europa, permite que la gente se conecte con la creación y pierda el miedo a acercarse a un artista. El arte es una cápsula de tiempo y lo que pintemos hoy servirá para que futuras generaciones comprendan cómo era nuestra ciudad y nuestra cultura.

¿De qué trata su exposición “Armenia un milagro a través del tiempo”? Expuesta en la sala de Antonio Valencia

Es una serie de fotografías antiguas de Armenia intervenidas con color, otra forma de rescatar esa memoria histórica. Nos evoca mucho esa Armenia previa al terremoto, la Armenia que tenía antes su plaza de mercado, donde la gente vestía aún de ruana, podemos ver carros antiguos o zonas de la ciudad que ya no existen como el Teatro Bolívar, la transformación de la Plaza de Bolívar que es la ‘sala de la ciudad’, pienso que debemos preservar un poco más este tipo de espacios como la plaza de Bolívar.

¿Cuál es tu invitación a los quindianos?

Que se acerquen al mural, a la exposición y a los espacios culturales. Que aprendamos a valorar lo nuestro, a nuestros artistas y nuestro patrimonio. El Quindío necesita abrirse al buen arte, al que respeta la técnica y busca conmover, no solo decorar. Si logramos compartir más estos procesos, podremos formar una sociedad más sensible y consciente de su identidad.

Leer artículo completo